viernes, agosto 13, 2010

Duchén ‘La política cuesta’

— ¿Por qué decidió volver a la Tv?
— Por ese bichito de la comunicación que tengo dentro; pensé que se había acabado, pero John Arandia me tentó y acepté.
—¿La diferencia entre Tv y radio?
— Ambas son un arte. En la radio presentas el alma porque no te ven; es muy lindo expresar lo que sientes sólo con la voz. La televisión es distinta; tu cara, tu voz, la imagen es contundente y no puedes ocultar nada.
— ¿Cómo empezó en la Tv?
— En 1990, en ATB, fue por necesidad y oportunidad. Les faltaba gente y me dijeron que tenía que presentar las noticias internacionales, sino me despedían (ríe). Yo era gordita y no encajaba en los parámetros. No creo que sea bonita, pero lo hice.
— ¿Es la periodista que soñó?
— No, me falta mucho: madurez, conocimiento, adaptabilidad, un poco de humildad, más sensibilidad. Es necesario saber más para comunicar, pues no se puede ser irresponsable con el manejo de la información.
— ¿Qué le enseñó la política?
— Aprendí a conocer y a mostrar mi país, como nunca. El costo fue que,  luego, nadie me quería dar trabajo. Como tenía que comer, creé una fundación y una empresa consultora, y empecé de nuevo de a poco, hasta que PAT se fijó en mí. No se cristalizó el proyecto y retorné a la radio.
— ¿Qué notas fueron las más difíciles de presentar?
— Tres: un choque de  buses que dejó más de 40 muertos. Cuando terminó la guerra en Irak y tuve que describir un espacio de torturas donde había sangre y partes de cuerpos; y la muerte de don Raúl Garáfulic; que me conmovió tanto que rompí en llanto al aire.
— ¿Sacrificó algo por el trabajo?
— Mi hijo, cuando era chiquito,  daba besos a la pantalla y me reclamaba por qué no le respondía. Ahora me dice que no le gusta lo que hago en radio. Al final pediré disculpas a mis hijos porque les quité horas, pero van a  entender por qué lo hago.

Las personas que marcaron su vida

Sus hijos

“Tengo dos hijos: uno de 15 y otro de nueve. Son mis pilares, mi vida, son quienes me dan fuerzas para seguir adelante. Todo lo daría, menos a ellos”.

Sus maestros

“Debo agradecer a Lorenzo Carri, Raúl Garáfulic, Óscar Peña Franco, René López, Enrique Araoz y Maritza Peñaloza, que me enseñaron la televisión”.

Su padre
“Mi papá no veía mis calificaciones; las tapaba y para firmar mi boleta sólo me preguntaba si había aprendido. Cuando respondí que no, me advirtió: ‘Vas a mejorar’”.

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