martes, marzo 10, 2015

A prisión por investigar

Aferrado a una botella de jugo artificial de intenso amarillo, con la muñeca izquierda firmemente sujeta a una esposa, cuyo metal sentía frío y amenazante por la presencia del policía que estaba aprisionado al otro extremo del artefacto; con la mirada extraviada y gesto de derrota, Carlos Quisbert llegó a bordo de una camioneta a las puertas del penal de San Pedro.

El periodista, quien intenta esclarecer la muerte de un niño en un centro de “protección infantil”, sintió perder una batalla anoche, cuando a empujones fue introducido en la cárcel pública mientras sus compañeros exigían a gritos “libertad”.

Una compañera de trabajo no resistió el momento teñido de gris atardecer y dejó escapar un sollozo. Con palabras entrecortadas recordó que había sugerido a Quisbert un camino diferente para indagar sobre el caso sin solución, desde hace 116 días, y al verlo esposado, custodiado por corpulentos policías, sintió desfallecer y quiso esconder el rostro conmovido entre sus manos.

“Le gustaba ver noticias internacionales en CNN y otros canales; sentí orgullo cuando vi publicados sus primeros reportajes”, comentó Tito Quisbert, el mecánico y taxista que heredó el apellido a “Carlitos”, el segundo de cinco hermanos.

“Pero esta noche, al verlo en prisión,… quise llorar…”, confesó, mientras comprimía sus mejillas y exhalaba con la mirada baja y tratando de aliviar la tristeza.

TAMPICO Y PENA

Al bajar de la todoterreno y tras un viaje desde el penal de Qalauma, en la altiplánica Viacha, a 35 kilómetros de La Paz, recorrió con la mirada a sus compañeros de la redacción de EL DIARIO. “Parecía vivir una pesadilla, la mirada estaba perdida, quiso hablar a sus amigos, pero de sus manos resbaló la botella de Tampico y cayó al piso”, relató la reportera Julieta Nina.

Mientras los periodistas trataban de hallar el mejor ángulo para las imágenes, Carmiña Moscoso, compañera de trabajo, arengó y los gritos se unieron para exigir “¡libertad, libertad¡”

“¡Investigar no es delito¡”, se escuchó como respuesta a la decisión de una jueza enérgica que ordenó la detención preventiva de Quisbert, en un proceso que demoró menos de 24 horas, una celeridad que es poco habitual, según el análisis del abogado de la Asociación Nacional de la Prensa (ANP), Eduardo Olivares.

La justicia de la ciudad de Viacha resolvió la detención preventiva porque advirtió un riesgo de fuga ya que el procesado no acreditó una fuente de empleo. Quisbert es conocido en todos los círculos judiciales y de seguridad interna por sus coberturas periodísticas y notas publicadas en el rotativo de circulación nacional, pero sus argumentos no sirvieron.

AGILIDAD JUDICIAL

“Me sorprende que personas con delitos comprobados no llegan a la cárcel; pero en el caso de mi hijo ha sido muy rápido”, lamentó Tito Quisbert.

El periodista fue a Viacha en domingo, día de visitas a los internos del penal, e intentó hablar con una persona a la que la justicia señala alto grado de responsabilidad en el caso del menor fallecido, pero su presencia fue advertida por los custodios que lo reportaron a un fiscal y declararon su incomunicación. Un día después, llegó a una celda del penal paceño.

Una frazada, también amarilla, que el periodista Mario Chacón guardaba para uno de sus hijos, cambió de destino. Sin pensarlo, cogió la prenda y la entregó en la puerta del penal para Carlos, porque anoche fue la primera en prisión del cronista de temas policiales y de seguridad.

Alrededor de un televisor, los compañeros de tinta y papel consiguieron escuchar una declaración en la que Quisbert defiende su acción, aquella que –según relató– busca la verdad en la polémica muerte del niño Alexander.

“En todo hay riesgo; nadie está a salvo”, se consoló Tito Quisbert, pero su lógica se quiebra cuando recuerda el momento en que vio a “Carlitos”. “Está afectado…”, dijo al hablar del periodista-investigador preso.

Los periodistas de EL DIARIO están en emergencia. En la redacción de este periódico centenario, las emergencias han sido permanentes en los últimos años. A veces por las amenazas de embargo, por temas impositivos, los trabajadores del medio impreso despejaron la tristeza por el escritorio vacío de Quisbert y escribieron otra historia de protesta.

El equipo legal de la ANP anunció una acción de libertad porque se vulneraron derechos al abrir una nueva causa contra un ciudadano que visita un penal. “No está prohibido visitar una cárcel”, dijo el abogado Olivares, quien recordó la vigencia de libertades ciudadanas inscritas en la Constitución Política del Estado (CPE).

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