domingo, septiembre 06, 2015

Periodismo femenino ayer y hoy

En no pocos talleres a los que asistí con la temática sobre género se criticaba duramente a las revistas femeninas, o para mujeres, desde las modelos hasta el contenido, que si son sexistas o el lenguaje es inapropiado, o porque venden trivialidades.

"Cosmopolitan vende sexo", sentenciaban; "Vanidades hace ver a las mujeres como seres superficiales que sólo piensan en moda y esas cosas", "Buen Hogar y otras de ese estilo están dedicadas a las amas de casa", señalaban en dichos talleres donde se promovía otro tipo de prensa, que al final tenía escaso público si es que alguien se animaba a impulsar.

Algunas revistas contra tendencia eran publicadas por la Red de Comunicadores con enfoque de Género, Red-Ada, recuerdo Crónica Azul, que proponía ese otro tipo de prensa, pregonada en los talleres sobre género, para algunas personas con sabor a feminista, por lo tanto, no la adquirían personas contrarias a esa ideología, en parte fundamentalista por irse al extremo de degradar al hombre y encumbrar demasiado a las féminas, ya que, en la sociedad actual se persigue la igualdad de oportunidades para las mujeres, no que se conviertan en hombres con rasgos femeninos.

Según relata María Garrido, doctora en Comunicación y autora del libro ´Revistas femeninas de alta gama. Crónica de un desdén´, en un ar-

tículo publicado en yahoo.es, la revista alemana Brigitte hizo el ejercicio de dejar de lado a las modelos profesionales y sustituirlas por personas "reales". El proyecto tuvo éxito entre quienes asistieron a la convocatoria para ser modelos de Brigitte, desde amas de casa hasta policías, sin embargo las ventas bajaron y luego de pocos años la revista volvió a contratar a modelos profesionales, imagen de la mujer glamorosa pero inalcanzable, por ser precisamente un prototipo a seguir, alguien que no es común por su belleza u otro rasgo que hace que se destaque, intentan-do recuperar

el número de sus clientes

perdidos.



ANTAÑO

En Oruro, una de las primeras experiencias, sino la pionera, en cuanto al periodismo femenino lo podemos encontrar entre las páginas de Feminiflor, editada por tres jovencitas, en los primeros años del siglo XX, Laura La Rosa, Bethzabé Salmón y Nelly López, quienes tenían un espíritu inquieto y rebelde, que no concebía las desventajas para la mujer de su tiempo.

Difundieron su material gracias al apoyo de sus amigos y enamorados, quienes distribuían ejemplares de la revista. Las encargadas de la revista daban paso a otras personas para escribir y sin estridencias reclamaban un trato igualitario para las mujeres, que en ese tiempo limitaba a las féminas al ámbito familiar y restringía sus derechos en la sociedad, como la educación, el voto femenino y otros.

Las críticas eran duras hacia el machismo, pero sin que el contenido de las notas fueran ataques directos y ácidos hacia los hombres, sino que quizás sea en esas páginas donde podamos encontrar el mejor ejemplo de una prensa con enfoque de género.

Años después, las monjitas de la congregación Misioneras de la Cruzada Pontificia de la Iglesia, a iniciativa y bajo la dirección de la madre Nazaria Ignacia March, comenzaron a publicar una revista denominada El Adalid de Cristo Rey, con temática religiosa, orientada a la reflexión en torno a Dios y otros temas bíblicos o vivencias de las hermanas

misioneras.



SUPLEMENTOS

Según explica la experta María Garrido, "el origen de la prensa femenina se remonta a las primeras Women´s Pages, esto es, páginas dedicadas a mujeres en periódicos tradicionalmente asociados al consumo masculino de prensa".

Ya que clásicamente se asocia a la mujer con el entorno hogareño, los suplementos femeninos, casi siempre tenían temáticas relacionadas a mejorar las destrezas de éstas en la casa, publicando recetas de cocina, manualidades y por supuesto artículos sobre belleza.

Por otra parte, "la prensa femenina también ha sido el origen de la introducción del discurso de lo privado en el espacio público", afirma Garrido. En ese aspecto se tocaban temas sobre higiene, salud y sexualidad, aunque éste último, más íntimo, era más recurrente en ciertas revistas y no tanto en los suplementos.



CONSUMO

Pese a que la prensa femenina, vista desde sus diferentes ángulos, ha sido muchas veces duramente criticada, por su contenido o por el hecho de llevar a mujeres a atentar contra su propia salud cuando tratan de imitar a las modelos de las revistas que consumen.

Sin embargo, este hecho es más un mito que una realidad, pues las mujeres, como describe la psicóloga chilena Pilar Sordo en su libro "Viva la diferencia", son muy soñadoras, idealizan demasiado y tienden a hacer de su mundo ilusorio mejor de lo que es en la realidad, por eso es que casi siempre se descontentan o se decepcionan con lo que tienen a su alcance.

Esa razón también es la que les lleva a comprar productos que después no usa, es por eso que la revista Brigitte sufrió un bajón en sus ventas cuando descartó a las modelos top y las sustituyó por personas de la "vida real". Las mujeres quieren ilusionarse y se dicen a sí mismas "un día seré igual a esa modelo", inclusive algunas compran los productos o ropa que usan las modelos aunque luego no les quedará igual, para tratar de imitar en algo el estilo glamoroso de vida, que se supone tienen los famosos.

"Modelos, marcas, formas de vida ilusorias, eso publican solamente, dicen muchos. Y no es así. Las revistas son evasión, entretenimiento", afirma Garrido.

En la actualidad, la literatura femenina también es seguida por los hombres, que desean conocer y tratar de entender a las mujeres y aprender de lo que les concierne, sobre todo acerca de su sexualidad, por lo que no sed puede satanizar ese tipo de publicación.

En realidad, cada persona tiene sus propias preferencias y particularidades por lo que no se puede encasillar un producto, como las revistas femeninas, en lo negativo, pues éstas poseen, como todo, sus defectos y sus virtudes, pues salvo contadas excepciones la prensa suele estar dirigida a enaltecer valores, educar y ayudar a hacer mejores a las sociedades. Siempre y cuando, además, no sean productos orientados a impulsar conductas nocivas como el consumismo, atentados a la salud y otras.

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