martes, diciembre 22, 2015

La cultura y la radio permanecen



Mario Castro aclara que el título de su obra no es una paráfrasis de la novela y la película que construyeron uno de los mitos populares más difundidos el siglo XX. Sin embargo, para muchos de sus lectores será imposible sustraerse a la inevitable evocación que la simple lectura de esta frase provoca. De pronto, si no el texto de Margaret Mitchel Lo que el viento se llevó, aparecerán en la retina las imágenes de la película: la arrolladora belleza de Vivian Leigth o los seductores mostachos de Clark Gable, envueltos en el tormentoso conflicto de la guerra civil norteamericana. Está bien. Concedamos que esa no era la intención, pero si ayuda a generar interés por la lectura, bienvenida sea.

Lo que el viento no se llevó busca contraponerse a la creencia generalizada de que lo que se dice por la radio es tan efímero y fugaz que no permanece, se va por los aires, no deja huella. Pero, en este caso, no es solo un libro con sugerente título el que desmiente tal aseveración. Es la vida y la obra de Mario Castro las que dejan una marca profunda e imperecedera. 40 años haciendo periodismo no exclusiva, pero sí fundamentalmente cultural. Actividad distribuida en periódicos y canales televisivos pero radicada vitalmente en la radio, y no en cualquiera, sino en la inolvidable Radio Cristal.

Al revisar el listado de los entrevistados recogidos en el primer volumen (Editorial 3600, 2014), podría pensarse que ya está todo dicho, que no es posible reunir un ramillete de personalidades más completo, y a la vez selecto y representativo del quehacer cultural. Y no es para menos. Allí se puede encontrar a historiadores como Alberto Crespo Rodas, Alcides Parejas, Fernando Cajías o María Eugenia del Valle; pintores como Ricardo Pérez Alcalá, Gil Imaná o Gastón Ugalde; escritores como Augusto Céspedes, Néstor Taboada, Julio de la Vega, Yolanda Bedregal o Edmundo Paz Soldán; personalidades de dimensión planetaria como Eduardo Galeano, Mario Vargas Llosa o Federico Mayor Zaragoza; y así de seguido: periodistas, poetas, intérpretes, compositores, músicos, cineastas, guionistas, gestores culturales y otros.

Para la segunda entrega la cosecha ha continuado. Del registro magnetofónico de miles de entrevistas Mario Castro ha seleccionado de nuevo más de medio centenar. Otra vez diálogos con talentos creativos de diferentes ámbitos culturales. Como siempre, un enfoque plural en la selección de los entrevistados. La misma respetuosa espontaneidad en los diálogos. Están presentes, Walter Solón Romero, Huáscar Cajías, Mabel Azcui, Erick Torrico, Paolo Agazzi, Magda Arguedas, Graciela Rodó Bulanguer, Javier Darío Restrepo, Víctor García de la Concha… por solo citar algunos nombres tomados casi al azar.

Como lo destacó Lupe Cajías en la presentación en la Asociación de Periodistas de La Paz el jueves, hay en este trabajo de Mario Castro un conjunto invalorable de lecciones implícitas sobre el difícil arte del género entrevista. ¡Cuánto podrían aprender de su lectura las nuevas generaciones de periodistas! El autor está muy lejos de los dos extremos que con lamentable frecuencia aparecen en el periodismo actual, especialmente en el televisivo. Por un lado, aquellos (también aquellas, claro) que acosan al entrevistado, lo someten a un despiadado interrogatorio, buscan revolcarlo o hacerle pisar el palito, tratan de lucirse presuntuosos y con frecuencia acaparan una buena parte del tiempo de la entrevista. Y los otros (también otras, por supuesto) que por lo general se prestan al juego de los poderosos, no hacen preguntas incómodas, manejan un libreto previamente acordado al que se ajustan rigurosamente, en realidad acomodan su trabajo a los fines propagandísticos del entrevistado, hacen publientrevistas, antes que entrevistas propiamente dichas.

Mario Castro tiene una sutil presencia en las suyas, pero trasluce sin estridencias ni arrogancias una meticulosa preparación en los temas abordados. Introduce apenas algunas puntadas del contexto que curiosamente le permiten volcar las entrevistas radiales al formato impreso sin necesidad de ponerles fecha; quien lea tiene que deducir, imaginar o intuir cuándo se realizaron, aspecto que aumenta la complicidad entre lector autor y entrevistados. Hace las preguntas con tal delicadeza y tino que salta a la vista que lo que busca es dar pie para que quien está al otro lado del micrófono diga lo que tiene que decir.

Este volumen 2, a través de una de las entrevistas, nos anoticia sobre la creación de la Fundación Cultural Zofro (Zona Franca de Oruro). Esto no es más que darle forma y continuidad a la tesonera labor de un notable cochabambino arraigado en Oruro desde sus años de estudiante de Ingeniería: Luis Urquieta Molleda artífice del suplemento cultual El Duende y de múltiples iniciativas de apoyo a actividades culturales en Oruro, su pequeña “patria chica” de adopción.

Al propiciar la publicación que comentamos, Urquieta dice: “… el libro encierra un cofre invaluable de saberes donde se prodigan ufanos los heraldos de la cultura”. Y no se equivoca.

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