domingo, julio 31, 2016

‘Palito’ Áñez celebra sus bodas de oro con la radio, informando

Vivía con Josefina Ortiz, su madre, y sus hermanos en la calle Florida. “No viví con mi padre”, recuerda él. Era 1962 y Santa Cruz todavía era un pueblo que superaba apenas el primer anillo. Fue en esa época cuando Jorge Ricardo Áñez Ortiz, un muchacho delgadito, de voz grave y bien modulada, descubrió su destino leyendo el periódico.
Recortaba publicidades de los cines de la época —jugaba— y las leía en voz alta, como esos locutores de radio a los que escuchaba con devoción todo el día. Tenía 12 años, pues nació en 1950, en Santa Cruz, y a esa edad sentía que la radio lo volvía loco.

A los 16, se montó al sueño. Empezó a trabajar, formalmente, como operador en una FM cruceña y, desde entonces, ‘Palito’ Áñez, ese muchacho delgadito, se convirtió por cuenta propia en locutor de programas de música romántica y de cine, en cronista deportivo, en presentador de TV y en un conocido formador de radialistas ‘en la cancha’. Y no ha parado en 50 ininterrumpidos años, al servicio de la información y del entretenimiento.

Las ‘bodas de oro’
En radio Uno, frente al micrófono, Áñez vibra. Es miércoles y son las 18:00. Le toca informar de que la contratación de Eduardo Villegas como DT de la Verde no es oficial. Tiene el arte que los años le dieron, pero la emoción del niño que lee está ahí. Se puede ver. Se puede oír. Así lo ha encontrado la celebración de sus ‘bodas de oro’ en el oficio, haciendo radio. Vivo, muy vivo.

Poco antes de Gente de Fútbol, su programa de la noche, Áñez hablaba de él mismo. De cuando en 1984 fue invitado por Cruceña de Televisión canal 13, hoy Red Uno. De que luego se fue a Teleoriente, hoy día Unitel. De que condujo el programa musical Videomania; de que se dedica solo a la FM desde 2001, con Radio Noticias, hoy radio Uno. Lejos del micrófono, se oye tímido. Todo cambia en la cabina.

Con Raquel Sánchez, su compañera, Áñez tuvo tres hijos. José Gary, Sissi y ‘Jorgito’. Su orgullo, los tres crecieron entre cabinas y sets de televisión. Todos se convirtieron en comunicadores. “Siempre que llegaban los artistas, ellos me acompañaban”, dice, risueño, para luego dar su mensaje a los futuros radialistas: “Este oficio es pura pasión y no admite muchos descansos”

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