lunes, abril 22, 2013

Lo digital aún no se asienta en el periodismo

Si comparamos el desarrollo de los medios de comunicación digitales en Bolivia con la historia de la humanidad, apenas estamos comenzando la revolución industrial. Un estudio de la Fundación Unir encabezado por Cecilia Banegas demuestra que de 70 portales de información analizados, solo un 4% está comenzando a utilizar textos, fotos, videos, audios e hipervínculos para dar una noticia. Esto ubica a nuestros medios virtuales en una etapa de transición entre la web 1.0 y la 2.0. Eso quiere decir que en Bolivia recién se está rompiendo el monopolio de la información en manos de los periodistas y lentamente se está tendiendo hacia la interactividad.
Banegas mira el vaso medio lleno: “Lo importante es que se está avanzando bastante. Hay medios que están muy avanzados, como Los Tiempos, Erbol, EL Deber y El Sol de Pando. El resto tiene herramientas digitales, está en la web, pero tal vez por falta de personal lo único que hacen es vaciar la publicación impresa en su portal de Internet”. Esto provoca que solo el 60% de los 70 medios analizados actualice de forma diaria su información.

Web centralizada
La vida virtual de los bolivianos no es muy distinta de la vida real. Esa así que el 77% de los medios digitales tienen su sede en el eje central (27 diarios en La Paz, 16 en Santa Cruz y 11 en Cochabamba). El 80% surge desde una ciudad capital y el resto desde las provincias.
En cuanto a contenidos, el 89% se dedica a ofrecer información general, el 4% se especializa en noticias indígenas, el 3% en económicas y el resto se reparte entre política, turismo y entretenimiento

La falta de hemeroteca (50%), ediciones descargables en formato PDF (77%), buscadores internos (27%), son parte de la seña de identidad y la poca explotación de los recursos web que se hace en el periodismo digital boliviano.

Para Banegas, esto se debe a una falta de inversión económica y humana en este aspecto. Lo justifica por la sostenibilidad de los proyectos. Considera que en Bolivia aún no existen las plataformas necesarias como para cobrar por valor agregado en la web, como lo hacen los grandes medios internacionales y que es aún muy baja la penetración de las tarjetas de crédito para hacer pagos en línea.

Redes sociales avanzadas
Algo que ha obligado a mejorar a los diarios digitales es la irrupción de las redes sociales. El 84% de los portales analizados tienen la opción de compartir su contenido, sobre todo en Facebook y Twitter. Sin embargo, son pocos los que combinan tres o cuatro opciones de compartir la historia en alguna red social (solo 5 de 70).
Peor parados quedan los medios analizados si se busca a los que promocionan los blogs de sus periodistas en sus portales. Ahí la relación baja a solo el 13% y son aún menos los que difunden las actualizaciones de sus redactores en redes sociales, solo el 3% lo hace.

La discusión también está ausente de la web. Solo el 30% de las versiones digitales de diarios impresos tiene foros. Las radios, con un 70% son las abanderadas de los debates virtuales, al igual que los medios nacidos en la red, que en un 62% disponen de foros. Banegas considera que la Ley contra el racismo y toda forma de discriminación ha provocado que los portales de información se autocensuren.

Esto también tiene que ver con limitaciones económicas, ya que no pueden contratar a una persona que ‘filtre’ los comentarios ofensivos. Los medios que tienen abiertos sus foros sin control son víctimas de los excesos de los usuarios.

Sin embargo, esta es solo la primera fase de la investigación. Cecilia Banegas y su equipo planean ampliarla en dos etapas más. En el próximo ciclo analizarán la interacción de los periodistas tradicionales con los digitales, los modelos de negocio y la importancia de las redes sociales en el proceso informativo.

“Las redes son cada vez más importantes. La muerte de Bin Laden se difundió antes por Twitter que por CNN. Los medios de comunicación tienen que abrirse a ellas”, dijo

CLAVES

Un trabajo en equipo
Cecilia Banegas lideró el equipo de investigación integrado por tres estudiantes de comunicación: Jessica Olivares (Diakonía), Dagme Idalgo (Uagrm) y Jessica Terceros (Udabol). Todo bajo el paraguas de UNIR

Otra forma de escritura
La manera en que se estructuran los textos para ser leídos en las páginas web es distinta a la de estructura de los impresos. El 80% de los portales de información ya manejan estos formatos. Las versiones web de los diarios impresos son las que menos lo usan.

La publicidad es dispar
Solo las versiones digitales de periódicos impresos tiene un alto porcentaje de publicidad (85%). Sin embargo, solo el 41% tiene publicidad nacional. El resto es de Google AdSense, una forma de publicidad compartida con el gigante informático.

Solo se pinta la aldea
Solo el 3% de las webs analizadas presenta información para público internacional.

La ‘U’ no forma periodistas digitales
Ninguna universidad, pública o privada de Santa Cruz ofrece una materia o especialización en periodismo digital. Según Cecilia Banegas, las carreras ofertadas en nuestra ciudad son de Comunicación Social y ninguna aborda el trabajo de los comunicadores en la Internet. En el mejor de los casos, se ofrecen seminarios con expertos de forma esporádica.

Esto provoca que la mayoría de las personas que están a cargo de los portales informativos sean exblogueros o tuiteros de formación autodidacta. A ello se suma que la mayoría tiene menos de 30 años y no necesariamente han pasado por la redacción ‘de papel’ o la sala de prensa del medio audiovisual.
Banegas añade que con las redes sociales y la circulación de información a mayor escala, los ciudadanos han comenzado a generar opinión pública, algo que hasta la década pasada era privilegio de unos pocos.

Pone como prueba de ello dos ejemplos: el apoyo a la octava marcha indígena que fue recibida por más de un millón de personas en La Paz luego de ser reprimida en Chaparina fue algo que se gestó en las redes sociales. También el repudio a los viáticos para los familiares del presidente y vicepresidente del Estado. En este último caso, el barullo popular terminó con la abrogación del decreto.

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